El papel de las mujeres en las empresas mexicanas

En México, la participación de las mujeres en el mundo empresarial ha crecido de forma sostenida en la última década; sin embargo, persisten retos estructurales que siguen marcando una diferencia significativa frente a sus pares masculinos.

Datos recientes muestran un escenario mixto: avances en presencia y liderazgo, pero también desigualdades persistentes en ingresos, acceso a posiciones de decisión y condiciones laborales.


De acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) 2025 del INEGI, las mujeres representan alrededor del 45% de la población económicamente activa en el país. No obstante, su participación continúa concentrándose en sectores de servicios, comercio y actividades administrativas, mientras que su presencia en industrias como tecnología, energía o construcción sigue siendo limitada.


El acceso a puestos de liderazgo corporativo refleja con claridad esta brecha. Datos del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) y reportes de firmas como Deloitte señalan que, en 2025, menos del 13% de las direcciones generales en grandes empresas mexicanas están ocupadas por mujeres; a nivel de CEO, la cifra baja al 4%. En los consejos de administración, su presencia ronda el 25%, un avance respecto a años anteriores, pero aún lejos de la paridad.


En términos de propiedad empresarial, la subrepresentación también es evidente. De acuerdo con la Asociación de Emprendedores de México (ASEM), el 77% de las personas morales en el país tienen menos de la mitad de su capital social en manos de mujeres, y en el 35% de los casos no hay participación femenina en la propiedad.


En el ámbito del emprendimiento, si bien las mujeres han ganado terreno, las limitaciones persisten. La Radiografía del Emprendimiento 2025 indica que aproximadamente el 36% de los negocios en México son liderados por mujeres. Sin embargo, estas empresas suelen ser de menor tamaño, con acceso limitado a financiamiento y mayores dificultades para escalar, especialmente en sectores de alto crecimiento.


Esta situación no solo restringe el desarrollo profesional femenino, sino que también limita la diversidad en la toma de decisiones dentro de las organizaciones.

 

Retos y oportunidades

Uno de los principales desafíos es la brecha salarial. Según estimaciones de la OCDE y análisis del IMCO, las mujeres en México ganan entre 14% y 18% menos que los hombres por trabajos de igual valor. Esta diferencia se amplía en niveles jerárquicos altos y en sectores especializados.


A ello se suma un factor estructural clave: la carga de trabajo no remunerado. En México, las mujeres destinan en promedio 40 horas semanales a labores domésticas y de cuidado, frente a 19 horas en el caso de los hombres. Esta “segunda jornada” impacta directamente en su disponibilidad, permanencia y crecimiento en el mercado laboral.


El impacto también se refleja en el emprendimiento: más de la mitad de las mujeres fundadoras tienen hijos, y el 52% son las principales responsables de su cuidado. Esta carga adicional incide en el desarrollo de sus negocios y en sus posibilidades de expansión.


Además, más del 50% de las mujeres ocupadas se encuentran en condiciones de informalidad, lo que limita su acceso a seguridad social, financiamiento y estabilidad laboral.


A pesar de este panorama, comienzan a observarse señales de cambio. Cada vez más empresas en México adoptan políticas de inclusión, diversidad y equidad de género. Organismos empresariales como el Consejo Coordinador Empresarial (CCE) y la Coparmex han impulsado iniciativas y certificaciones orientadas a mejorar las prácticas laborales, especialmente en materia de contratación, promoción y conciliación entre vida personal y trabajo.


Ventaja competitiva


Más allá de un tema de justicia social, la equidad de género también tiene una ventaja competitiva. Un informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) indica que las empresas con una mujer en la dirección ejecutiva tienen 2.8% más probabilidad de aumentar su productividad. Asimismo, las organizaciones con culturas inclusivas pueden mejorar hasta en un 9% su desempeño económico.


En la misma línea, la ASEM señala que las empresas con mujeres en el equipo fundador registran niveles de facturación anual 13% superiores al promedio nacional.


La inclusión de más mujeres en el ecosistema empresarial no solo amplía el talento disponible, sino que también favorece la innovación, la adaptabilidad y la apertura a nuevos mercados. Diversos estudios han demostrado que las emprendedoras suelen responder con mayor flexibilidad a los cambios en los patrones de consumo, lo que representa una ventaja en entornos económicos dinámicos.


Buenas prácticas para el sector empresarial


Ante este contexto, especialistas coinciden en la necesidad de impulsar acciones concretas desde el sector privado:

  • Promover la igualdad de oportunidades mediante políticas de contratación y ascenso con enfoque de género.

  • Implementar esquemas de trabajo flexible y apoyos para el cuidado, que reduzcan las barreras estructurales.

  • Garantizar la equidad salarial mediante revisiones periódicas de remuneraciones.

  • Fortalecer el acceso a financiamiento, capacitación y redes de mentoría para mujeres empresarias, considerando que el 78% de los negocios fundados por mujeres no ha recibido apoyos ni públicos ni privados, según la ASEM.

En este contexto, cerrar las brechas de género no solo implica un compromiso social, sino también una decisión estratégica para las empresas que buscan crecer, innovar y mantenerse competitivas en un entorno cada vez más exigente.

Por ello, contar con aliados que entiendan estas necesidades resulta fundamental. En Financiera Cualli, desarrollamos soluciones a la medida para impulsar a emprendedoras y empresarias, con opciones de financiamiento accesibles y adaptadas a cada etapa de crecimiento.


  

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