
El cambio climático ha dejado de ser un tema exclusivo de científicos y ambientalistas. Hoy representa un desafío operativo y financiero para empresas de todo el mundo.
En México, fenómenos como sequías prolongadas, olas de calor históricas, inundaciones, pérdida de biodiversidad y eventos extremos están afectando directamente la producción, la logística y la continuidad de operaciones en sectores clave como el alimentario, textil o de generación eléctrica.
Estas afectaciones se traducen en pérdidas económicas significativas. Expertos de la UNAM estiman que, para 2025, las pérdidas anuales relacionadas con el cambio climático podrían superar los 20 mil millones de dólares en algunas entidades del país.
Según el Reporte de Economías Regionales del Banco Mundial, las empresas del sur de México son las más impactadas: 63.5% reportó haber sufrido algún efecto negativo del cambio climático en los últimos cinco años. Esto contrasta con el promedio nacional de 51.2%, y con la región centro-norte, donde 41.6% de las empresas reportaron afectaciones.
De acuerdo con este reporte, los sectores más perjudicados son el agrícola, pecuario, pesquero, forestal, minero, manufacturero, construcción y generación eléctrica. A nivel nacional, los eventos que más impacto generan son las lluvias excesivas (29.1%) y la sequía (28.6%). Mientras las primeras afectan principalmente al centro del país, la escasez de agua golpea con mayor fuerza al norte y centro-norte.
Las sequías prolongadas provocan pérdidas millonarias en la producción agrícola, tanto para pequeños como grandes productores. Por su parte, el Foro Económico Mundial advierte que las olas de calor intensas pueden reducir hasta en un 20% la productividad de los trabajadores expuestos a condiciones extremas, elevando costos operativos y reduciendo el rendimiento laboral.
Del riesgo a la resiliencia: cómo las empresas están respondiendo
Frente a este panorama, las empresas más resilientes no solo están gestionando los riesgos ambientales, sino que los están transformando en oportunidades estratégicas. Integrar criterios sustentables en sus operaciones no solo les permite cumplir con regulaciones y expectativas sociales, sino también obtener una ventaja competitiva real.
Esto se traduce en acceso a nuevos mercados, atracción de talento, mejor reputación y reducción de costos a largo plazo. La sostenibilidad, lejos de ser una carga, se posiciona como motor de crecimiento y un elemento clave para la competitividad futura.
Una de las estrategias más efectivas es la transición hacia energías limpias. Empresas como Bimbo ya operan con más del 80% de su electricidad proveniente de fuentes renovables, lo que no solo reduce su huella de carbono, sino también su exposición a la volatilidad de precios energéticos.
Otra táctica clave es el rediseño de productos bajo principios de economía circular: minimizar residuos y aprovechar materiales reciclados. Esto no solo reduce costos y mejora la eficiencia, sino que también responde a la demanda de consumidores más conscientes. Por ejemplo, algunas firmas del sector moda ya han adoptado procesos con menor consumo hídrico y reutilización de textiles, generando diferenciación en el mercado.
La digitalización también desempeña un papel crucial. Tecnologías como inteligencia artificial, análisis de datos climáticos y modelado predictivo permiten anticipar disrupciones en la cadena de suministro y cambios en la disponibilidad de materias primas.
La sostenibilidad debe abarcar toda la cadena de valor. Colaborar con proveedores y clientes para alcanzar metas comunes puede amplificar el impacto positivo y fomentar un ecosistema empresarial más responsable.
Financiamiento: el combustible de la sostenibilidad
Implementar estas estrategias no solo requiere visión empresarial, también exige acceso a capital adecuado. Aquí es donde el financiamiento sostenible cobra un papel clave para acelerar la transformación ambiental de las empresas.
Los bonos verdes, los préstamos vinculados a objetivos ambientales y otros instrumentos ESG están ganando terreno en el sistema financiero mexicano. Estos esquemas permiten a las empresas obtener recursos con condiciones preferenciales si demuestran avances en eficiencia energética, reducción de emisiones o proyectos circulares.
En 2024, la banca de desarrollo y diversas instituciones financieras han lanzado programas específicos para pequeñas y medianas empresas, democratizando el acceso al financiamiento verde y permitiendo que negocios de todos los tamaños participen en la transición sostenible.
Para aprovechar estas oportunidades, las empresas deben estructurar sus proyectos con metas claras, indicadores verificables y una narrativa sólida de impacto. Las financieras no solo evalúan rentabilidad: buscan proyectos que generen valor ambiental y social real. Por ello, contar con asesoría adecuada y aliados estratégicos es esencial.
En este contexto, Financiera Cualli se posiciona como una aliada estratégica para las empresas que ven en el cambio climático no solo un riesgo, sino una oportunidad de crecimiento. A través de soluciones de financiamiento, acompañamos a organizaciones en su camino hacia un modelo de negocio más resiliente, eficiente y competitivo.
Porque adaptarse al cambio ya no es una opción: es una ventaja estratégica. Y contar con el respaldo financiero adecuado puede marcar toda la diferencia.
#AcelerandoOportunidades